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30 de marzo de 2012
Jugadores

¿Hasta dónde hay que exigir a nuestros hijos en el deporte?

Como cualquier padre y madre que somos, todos deseamos que además de la escuela nuestros hijos se desarrollen en otras áreas y/o actividades extra-escolares, por lo que somos dados a inscribirlos en clases por las tardes después de la escuela. El problema radica en determinar cuántas clases, y cuantos días a la semana son los adecuados para que un niño las realice sin caer en el exceso que provoque que en otras actividades que pudieran considerarse más “importantes” las descuiden por causa de estas otras actividades. Hay niños que un día tienen natación, otro clase de música, clase de fútbol, otro de regularización escolar, y así por el estilo, provocando que los niños tengan una sobre carga de actividades que al final de la semana están artos y fastidiados, de la escuela, de las clases y de la madre que todo el tiempo los está presionando para que realicen todas más rápidamente. De acuerdo con estudios publicados por la American Psicologic Magazine, los niños que tienen exceso de actividades extra-escolares son personas que tienen 70% más tendencia a renunciar más rápidamente o a interrumpir las actividades extra-escolares que las personas que solo tienen una o dos a la semana. Stephane Morton, de la Universidad de Iowa ha estudiado este tipo de comportamiento y refiere que entre toda la comunidad de estudiantes que ha tenido la oportunidad de atender cerca del 60% de los niños que acuden a más de dos actividades a la semana acabarán por renunciar a dos de ellas en un lapso no mayor a seis meses. Cuando los niños tienen gran cantidad de actividades extra-escolares ya sea por decisión de los padres o por indicaciones escolares, medicas o de otro tipo existen pros y contras de estas actividades. Contras Comida a toda velocidad La madre que es quien usualmente está más tiempo con los hijos es la que anda como loca carrereando a los niños a la hora de la comida, y en ocasiones la comida se vuelve un momento de discusión familiar siendo que debe ser todo lo contrario el momento en el cual lo niños estén relajados y puedan platicar con los padres. En algunos casos las clases son a una hora que la comida se vuelve una rutina de carro, ya que al no dar tiempo para que vayan a la casa se come en el automóvil provocando además de problemas digestivos, y además es un gran error ya que los hijos debemos acostumbrarlos a las rutinas continuas ya que es por el bien de ellos que sepan que es lo que sigue y no hacer un día una cosa y al otro una rutina diferente. Estrés familiar Los hijos, la madre y en menos grado los padres están continuamente sometidos a cargas de estrés, por el tiempo, por la economía que representa el pago de todas esas clases extras. El tiempo de la salida del colegio y la llegada a la actividad, además en el inter la hora de la comida y si consideramos que a muchas personas después de comer les inicia un periodo de sueño, y si se cruza con la clase extra, el estrés por obvias razones ira cada vez en aumento. Se ha comprobado que el estrés disminuye las capacidades de los niños para desarrollarse de forma adecuada en actividades extras a las escolares, lo que provoca el rechazo a realizarlas por lo que al verse obligados se forma un circulo vicioso donde los hijos no quieren hacer la actividad pero se ven obligados en la mayoría de los casos, por lo que su desempeño no es el adecuado, provocando que los padres los presionen para que lo hagan mejor y esto hace que se aumente el rechazo por parte de los hijos y así se va de rechazo en rechazo. Cansancio Hay que tomar en cuenta que los hijos después de toda la mañana estar en clases, educación física y el estrés propio de la escuela, salen ciertamente con un grado de cansancio lo que los hace propensos al mal humor, a no estar de ganas para realizar las actividades extra-escolares. Y esto hace que al estar cansados provocan rechazo a acudir a las actividades fuera del horario escolar, y como en el estrés familiar de nueva cuenta se vuelve un circulo vicioso en el que hay una lucha entre los hijos y los padres; unos por ya no acudir a las actividades y los otros por tratar de que le agarren el gusto a las mismas. Tareas Los niños que acuden en exceso a actividades extras tiene tendencia a realizar de forma más rápida, desorganizada y al aventón las actividades escolarizadas, lo que los hace con más frecuencia a ir mal en las calificaciones del ciclo escolar. Pros Hacen más actividades Es un hecho que los niños que acuden a otras actividades fuera del horario escolar están más acostumbrados a hacer más actividades que aquellos que solo acuden a la escuela en un horario pre-establecido. Son rápidos La rapidez es una de los beneficios que tienen los niños que hacen otras actividades fuera del horario escolar, como usualmente están bajo presión del tiempo, de llegar a cierta hora y estar bajo presión los hace que sean más hábiles en el manejo de sus tiempos, lo que para los ritmos de la vida actual es muy importante. Són más hábiles La habilidad al pensamiento, a las manualidades, a la coordinación motriz y de razonamiento es uno de los grandes beneficios de las actividades extra-escolares, ya que son niños que por el mismo ritmo de vida tiene que estar más alertas, con mayor concentración y en un ritmo de vida diferente a aquellos niños que solo realizan las actividades que se mandan desde la escuela. Conclusiones Dependiendo del nivel económico, del tipo de escuela a la que los hijos acudan, del interés de los padres y de las necesidades de los propios niños, es un hecho que son necesarias las actividades extra-escolares ya sea deportiva o académica pero casi siempre los niños acaban acudiendo a algún tipo de estas actividades. Hay que entender que no son malas al contrario buscan un bien para el niño en cuestión, pero aquí lo más importante es entender que los hijos tiene como cualquier ser humano un límite físico, emocional y mental. Hay que entender que también se cansan y que su cuerpo necesita descanso, y que el exceso de estas actividades pueden en un momento dado volverse contraproducentes al contrario de lo que se buscaba, y que en lugar de ser beneficiosas para los niños se pueden volver hasta algo dañino. Es por ello que lo mejor es buscar un equilibrio entre las actividades y la cantidad de días que lo niños tendrán que acudir a ellas. Y si se encuentra un equilibrio es un echo que los hijos y los padres encontrarán en estas actividades resultados reconfortantes para sus hijos.

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